SCORE (11 julio 2014-11 enero 2015)

Museo Marco, Museo de Arte Contemporáneo de Vigo

 

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La exposición Score. El espacio entre imagen y sonido consiste en una muestra de cine experimental de dimensión intercontinental, lo que es realmente productivo para cualquier museo de arte contemporáneo por la participación de cine experimental italiano, indio, israelí, austriaco, americano. Pero…

El significado de Score de partitura o banda sonora es muy prometedor, aunque a lo largo de la exposición se irá viendo que los videos se acompañan de ruidos y gritos fundamentalmente.

Para empezar solamente participa un artista de Vigo, Diego Santomé, y a esto añadir que su trabajo, un proyector, está desenchufado, teniendo que pedir expresamente que lo enchufen.

La paranoia rallante y delirante de los trabajos es desagradable y provoca una angustia que resulta francamente insoportable en obras como la de Martin Arnold (austriaco), del israelí Guy Ben Ner -quien desarrolla su obra en la cocina de su casa donde suceden actos cada vez mas terroríficos a medida que avanza la proyección- Keren Cytter, o el disco rallado de Christian Marclay (californiano), el violín desafinado del indio Manon de Boer, la escena de parodia ultraviolenta de Keren Cytter, Rose Garden… en total 18 artistas en la misma linea destructiva. La sensación provocada es la de una exposición de bodegones de basta calidad, o una serie de cuadros de caza de gacelas de esos que dañan la vista.

Marco lleva una dinámica que provoca rechazo por sus selecciones ajenas al espíritu de los ciudadanos, que se sienten cada vez mas defraudados cuando ven las exposiciones, porque éstas se alejan cada vez más de la belleza, la magia y la reflexión, de lo que cualquier museo o galería debería enorgullecerse, volviéndose hacia la moda y unas últimas tendencias vacías de significado.

Es interesante ver esta exposición para darse cuenta de que algunas de estas últimas tendencias pueden ser tan deficientes como el arte más tradicional o “carca”. Es cierto que ese tono irónico de parodia del cine sí funciona, pero tal como funcionaría la performance de un artista destruyendo un proyector.

Aparte de ese acento que se ríe del cine y de la violencia y del fetichismo en la pantalla ¿Es que no hay nada más que entender?

¿Desean las comisarias que salgamos huyendo del museo para no volver?

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